Artículo: Una visión histórica sobre las investigaciones de fibromialgia


Este artículo ofrece los resultados de unas investigación que sentaron las bases para el estudio de la fibromialgia.

Desde 1990, presentar una historia de dolor generalizado durante un mínimo de 3 meses y manifestar (verbalizar) dolor, en al menos 11 de 18 localizaciones anatómicas distribuidas a lo largo del cuerpo (puntos dolorosos), han sido los dos criterios aceptados y seguidos por la mayoría de la comunidad científica, para clasificar o identificar a alguien dentro de la categoría de "persona con fibromialgia".

La sensibilidad (88,4%), especificidad (81,1%) y precisión (84,8%) de ambas variables con respecto al resto de medidas incluidas en el estudio doble ciego realizado en EE.UU. y Canadá (Wolfe y cols., 1990), permitió a los miembros de la comisión de expertos reunido por al ACR aceptar al dolor crónico generalizado asociado a una sensibilidad exagerada a la palpación (hiperalgesia y / o alodinia) como principales criterios de clasificación de la fibromialgia.



Antes de que se estableciese por consenso la definición actual, diversos autores, en su mayoría miembros del comité multicéntrico patrocinado por el ACR, habían propuesto sus propios criterios definitorios para la fibromialgia (Campbell y cols., 1983; Goldenberg, 1987; Smythe, 1979; Wolfe y Cathey, 1983; Yunus, Masi y Aldag, 1989). Aunque con insuficiente rigor científico, estas propuestas destacan por haber traspasado el plano teórico y haberse aplicado sobre diferentes muestras con el objetivo de valorar sus criterios como posibles principios definitorios sobre los que reconocer y definir a la fibromialgia, diferenciándola así de otras dolencias o cuadros que cursan también con dolor o puedan compartir con ella parte de su sintomatología.


Las definiciones operacionales siguientes, tanto las aplicadas (Campbell y cols., 1983; Goldenberg, 1987; Wolfe y Cathey, 1983; Yunus, Masi y Aldag, 1989) como las teóricas (Bennett, 1981; Hench, 1989; Wolfe, 1986), compartían un esquema o estructura común. Por una parte, la manifestación osteomuscular quedaba representada por el dolor generalizado, la rigidez y la debilidad, cuantificado este criterio en el concepto de puntos dolorosos, variables en número y localización según cada definición. Por otra parte, los criterios anteriores se combinaban y completaban con una serie de síntomas funcionales (por ejemplo, alteraciones en el sueño, fatiga, cefalea, etc.), criterios de exclusión y la distinción entre fibromialgia primaria y secundaria o concomitante (Raspe y Croft, 1995). A la vez que despertaron gran interés y creciente aceptación en el ámbito científico, las características nociceptivas e interoceptivas incluidas y resaltadas en las diferentes propuestas introdujeron una excesiva variabilidad en la definición que, en último término, difuminaba o anulaba el verdadero patrón distintivo y subyacente de esta condición.



Junto a esta pluralidad de acepciones para la fibromialgia, los errores metodológicos en los que incurrieron la mayoría de estudios sobre los criterios de clasificación, se convirtieron en el punto de partida del estudio liderado por Wolfe en 1990 y patrocinado por el ACR. 22 investigadores participaron en su diseño y 16 centros aportaron 558 pacientes, 293 con FM (clasificados según los criterios de cada centro) y 265 conformando el grupo control. El grupo de fibromialgia, a su vez, se dividió en 2 grupos o categorías: FM primaria (158) (FM en ausencia de otra condición de dolor osteomuscular) y fibromialgia secundaria-concomitante (135) (FM asociada con otro cuadro reumático: osteoartritis, artritis inflamatoria, síndromes del esqueleto axial y artritis reumatoide, principalmente).


El grupo control estuvo compuesto por aquellos casos con un tipo de dolor diferente al de la FM y los que presentaban un cuadro osteomuscular del mismo tipo que los del grupo de FM secundaria-concomitante pero que incumplían los criterios para clasificarlos con FM.
De todas las variables (síntomas de dolor y funcionales, factores moduladores, debilidad física y otros hallazgos físicos) y combinaciones analizadas, las que caracterizaban a la fibromialgia como un cuadro osteomuscular de dolor y debilidad generalizada resultaron ser el conjunto de criterios con mayor valor discriminante.


Como último resultado a destacar del estudio de Wolfe y cols. (1990), la distinción inicial entre fibromialgia primaria y secundaria-concomitante fue abandonada al no encontrarse diferencias significativas entre ambos en las principales variables analizadas. Este hallazgo incorpora a la definición operacional de la FM la propiedad de "no excluyente", lo que significa que la categoría de clasificación de la fibromialgia puede asociarse con otras enfermedades médicas, reumáticas o no-reumáticas, además de no requerir o necesitar ningún dato clínico o paraclínico para la clasificación. Con la aceptación y consiguiente publicación por parte del ACR de los criterios definitorios resultantes del estudio de Wolfe y cols. (1990) se había creado una herramienta de trabajo estandarizada y validada que unificaba las distintas definiciones de fibromialgia y que pretendía favorecer la investigación (Clauw, 2009), pretensión, por otro lado, ampliamente conseguida (Goldenberg y Smith, 2003; Merayo y cols., 2007).


Aunque las pretensiones iniciales al promulgar los criterios de clasificación de 1990 se circunscribían al contexto empírico o de investigación, la normalización de la fibromialgia ha superado este contexto y también es ampliamente definida por esos criterios de clasificación en la práctica clínica, con fines o efectos diagnósticos. A modo de ejemplo, en el ámbito hospitalario español, en consultas de reumatología y en comparación con otras etiquetas diagnósticas, los datos del estudio EPIDOR (Estudio epidemiológico del dolor en pacientes reumatológicos) concluyen que la fibromialgia representa el 17,7% de los pacientes con dolor en contexto clínico y es el cuarto diagnóstico más frecuente en pacientes sin diagnóstico reumatológico previo (Gamero Ruiz, Gabriel Sánchez, Carbonell Abello, Tornero Molina y Sánchez-Magro, 2005).


A pesar de su rotunda presencia en el contexto clínico, para la investigación puede ser más relevante definir a la fibromialgia a través de los diferentes elementos que la conforman en vez de como un concepto uniforme de enfermedad o trastorno llamado FM (Raspe y Croft, 1995).

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