Artículo: revisión histótica del estudio de la fibromialgia


Goldenberg, en el año 1987, predijo que la fibromialgia sería una de las enfermedades más extendidas en el futuro. Unas décadas después la enfermedad está cobrando dimensiones epidémicas en el mundo desarrollado. En este artículo repasamos la evolución histórica del estudio de la fibromialgia.


Como ya "profetizara" Goldenberg en su artículo de 1987, confirmando y documentando su presagio o vaticinio  unas décadas después, la fibromialgia (FM) ha sido una de las enfermedades o etiquetas diagnósticas de mayor auge y expansión en la práctica investigadora y clínica, a pesar de la considerable controversia que la caracteriza y acompaña desde sus inicios hasta el día de hoy (Goldenberg, 1987 y 1995).


En el ámbito científico, el crecimiento en la producción de trabajos sobre la fibromialgia es la principal prueba y mayor exponente de su expansión y, sobre todo, del proceso de reconocimiento y acuerdo en el que se encuentran tanto los grupos de investigación como los diferentes colectivos de profesionales interesados o relacionados directamente con ella (Goldenberg y Smith 2003; Merayo, Cano García, Rodríguez Franco, Ariza Ariza y Navarro Sarabia, 2007). Tanto en la revisión de Goldenberg y Smith (2003), como en la de Merayo y cols. (2007), se constata un incremento exponencial y significativo de la bibliografía científica alrededor de la fibromialgia desde la década de los 80 hasta la actualidad. Como datos destacables y definitorios de la progresión en el estudio e interés por esta enfermedad crónica de dolor, Goldenberg y Smith (2003), en su revisión realizada en la base bibliográfica Medline, encontraron que los trabajos médicos sobre fibromialgia se habían quintuplicado, considerando las publicaciones en la década de los 80 y las que se recogían en la base bibliográfica entre los años 1999 y 2001. Merayo y cols. (2007), confirmando la tendencia productiva señalada por Goldenberg y Smith (2003), en su análisis
de productividad y materias en las bases computerizadas de la Web of Knowledge, concluyeron que la producción científica se había triplicado con respecto a los trabajos publicados durante los 15 años previos, desde 1980 a 1995.



fibromialgia



La presencia, en creciente progresión, de la fibromialgia, no parece sin embargo quedar circunscrita sólo al contexto científico-clínico y su incursión en otros ámbitos o ambientes, como el económico, político, social y, sobre todo y principalmente, en el mediático, es a día de hoy una realidad. Dentro de éste último, Internet, una de las principales y prometedoras vías para acceder a información y servicios relacionados con la salud, tanto para la población general (Powel, Lowe, Griffiths y Thorogood, 2005), como para enfermedad o problemas de salud concretos y / o crónicos (Millard y Fintak, 2002), también parece reflejar el auge del interés por la fibromialgia. A título orientativo, la encuesta del Instituto Nacional de Estadística (INE) sobre equipamiento y uso de tecnologías de la información y comunicación en los hogares, encontró que el 53,8% de las personas que habían utilizado Internet en los últimos 3 meses habían buscado información sobre temas de salud (Instituto Nacional de Estadística, 2009).



De la misma forma que ha ocurrido con la producción científica sobre la fibromialgia, la presencia de información y referencias, directa o indirectas, sobre ella en Internet también parece ser significativa; 695.000 referencias dedicadas o relacionadas con la fibromialgia en el buscador Google en mayo de 2003 (Casanueva, 2007) y 5.610.000 en el mismo buscador en febrero de 2010.
A pesar de que la encuesta del INE no recoge el tipo o naturaleza de los recursos de salud a los que se accede, y las estimaciones presentadas sobre el número de referencias en el buscador de Internet Google no han resultado de ningún análisis pormenorizado ni riguroso, se podría concluir que la fibromialgia posiblemente pueda estar siendo uno de los tópicos o temas de salud sobre los que actualmente más se busca y consulta en Internet. Sin embargo, el momento actual de intereses parte de un camino iniciado hace 150 años, aproximadamente, a finales del siglo XVI



Aunque son muchos los hitos que han marcado la cronología de la FM (véase Casanueva, 2007 y Inanici y Yunus, 2004 para una revisión cronológica más completa y pormenorizada), el primer acontecimiento destacado por la mayoría de la bibliografía es la introducción, en 1592, del concepto de reumatismo muscular por el médico francés Guillaume de Bailleu. Con la introducción de este término, este facultativo galo diferenció un cuadro asociado a dolores osteomusculares generalizados del reumatismo articular con características deformantes.
A lo largo del siglo XIX y XX, muchos tipos o formas de reumatismo muscular fueron descritos utilizando terminologías diferentes que resultaban vagas e imposibilitaban la diferenciación entre cuadros generalizados y localizados. Entre todos los sinónimos y términos utilizados (véase Inanici y Yunus, 2004), fibrositis se considera el primero, o uno de los primeros, antecedentes conceptuales más próximos a la FM. Williams Gowers introduce el término en 1904, uniendo lumbago y reumatismo muscular y señalando la posibilidad de que esta nueva enfermedad pudiese compartir el mismo origen inflamatorio que el lumbago, detectándose el dolor en el caso de la fibrositis en el tejido fibroso muscular (Gowers, 1904).
Durante la primera mitad del siglo XX, el debate sobre la fibrositis discurrió entre aquellos que la consideraban como una causa común de dolor muscular, manifestación de tensión muscular (problemas funcionales), reumatismo psicógeno o psiconeurosis, mientras que para gran parte de la comunidad científica no era considerada como una entidad nosológica, llegando incluso a entenderse como un caso de simulación (Clauw, 2009; Wessely y Hotopf, 1999).



La falta de acuerdo o consenso sobre la naturaleza y/o existencia de la fibrositis comenzó a diluirse con la formulación, por parte de Traut, en 1968, y Smythe, en 1972, de las primeras descripciones cuasi-modernas de la fibromialgia (Smythe, 1972; Traut, 1968), aumentando la expansión y aceptación del concepto (Wessely y Hotopf, 1999). Ambos autores, Traut (1968) y Smythe (1972), propusieron la existencia de signos o síntomas específicos para el diagnóstico y definición de la fibrositis, los cuales en su mayor parte siguen estando vigentes y se incluyen en el concepto actual de FM (Inanici y Yunus,
2004).
Aunque posiblemente las descripciones tanto de Traut (1968) como de Smythe (1972) iniciaran la "etapa moderna" de la FM, desde la bibliografía se establece el inicio de la misma en el año 1976, con la primera referencia al término Fibromialgia por parte de Hench, resultado de la unificación de los términos fibrositis y mialgia (Hench, 1976). El cambio en la denominación de la enfermedad respondía a la ausencia de pruebas que demostrasen la existencia de un proceso inflamatorio de los tejidos conjuntivos, "dentro de los tejidos fibrosos había -algia (dolor) pero no -itis (inflamación)" (Williams y Clauw, 2009, p. 778). En 1977, Smythe y Moldofsky, en el trabajo titulado: "Two contributions to the understanding of the fibrositis syndrome", describieron los primeros rasgos diagnósticos, incluyendo otros síntomas además del dolor crónico generalizado, como alteraciones del sueño, rigidez matutina y fatiga (Smythe y Moldofsky, 1977). Con respecto a las alteraciones del sueño, investigaciones previas de estos mismos autores sobre el estudio electroencefalográfico en personas con FM, encontraron una contaminación en las fases 3 y 4 del sueño NO-REM por ondas alfa (Moldofsky y Scarasbrick, 1976). Este hallazgo llevó a los autores del trabajo a inducir en sujetos sanos las mismas ondas en las mismas fases del sueño NO- REM, alteración a partir de la cual se provocaba un aumento de los síntomas de dolor. Sobre la base de ambos hallazgos, tanto en personas con FM como en personas sanas, Smythe y Moldofsky (1977) propusieron, como posible explicación etiopatogénica de la FM, que la alteración del sueño podría ser fundamental para la recuperación física, subrayando el carácter etiológico de su reducción en las alteraciones características de la fibromialgia.


En la década de los 80, y recogiendo el testigo de Smythe y Moldofsky (1977), diferentes grupos propusieron diversos aspectos clínicos o patológicos como posibles integrantes de los criterios definitorios de la enfermedad (Campbell, Clark, Tindall, Forehand y Bennett, 1983; Goldenberg, 1987; Wolfe y Cathey, 1983; Yunus, Masi, Calabro, Miller y Feigenbaum, 1981). A pesar de que, en diferente grado y con matices más o menos significativos, las diversas propuestas clasificatorias consideraban al dolor muscular y articular como el síntoma esencial sobre el que estructurar la definición, la diversidad de criterios hizo necesario llegar a un acuerdo o consenso.
En 1990, y con el fin de contrarrestar la heterogeneidad de criterios definitorios existente, un comité de expertos, auspiciado por el American College of Rheumatology (ACR), cuantificó la experiencia de dolor necesaria para definir la FM. La inclusión, junto al dolor crónico generalizado, de los puntos dolorosos en la definición convertía a la fibromialgia en una condición no sólo de dolor sino también de debilidad (Clauw, 2009) y, sobre todo, en un trastorno unívoco, abandonando así la polisemia que hasta ese momento la había caracterizado (la descripción completa y detallada de los criterios de clasificación del ACR se realizará en el apartado dedicado a la clasificación, apartado siguiente, aludiendo aquí sólo a los criterios como un hito más de la historia de la FM). Aceptados y adoptados los criterios de clasificación propuestos por el ACR en 1990, en 1992, tras la Declaración de Copenhague, documento de consenso elaborado durante el II Congreso Mundial de Dolor Miofascial y Fibromialgia (Csillag, 1992; Quinter, 1992), la FM se incorporó a la decima revisión de la International Classification of Diseases (ICD-10), en vigor desde enero de 1993 (World Health Organization International Classification of Diseases, 2007), siendo reconocida al año siguiente por la International Association for the Study of Pain (IASP) (Merskey y Bogduck, 1994).


El ascendente y significativo reconocimiento de la FM también ha impulsado la creciente controversia existente alrededor de la misma (Goldenberg, 1995), controversia y problemática que no sólo empieza y termina en la existencia o inexistencia de la fibromialgia, sino que va más allá de esta perspectiva maniqueista, encontrándose "en la forma de hacer el diagnóstico, las pacientes que la presentan, la sociedad en la que viven y los médicos que la tratan" (Rivera, 2004, p. 19).
Presentada como interesante, por la producción científica que la rodea, y controvertida, por la disparidad y desencuentro en las opiniones existentes sobre ella, la FM también se caracterizaría por el consenso o por la búsqueda del mismo. Así, anteponiendo la responsabilidad clínica y asistencial a cualquier interés científico o de criterio, profesional o personal, diferentes sociedades y organismos han promovido o patrocinado la elaboración de documentos de acuerdo o consenso que recogen la información con mayor validez científica. Como ejemplos internacionales se pueden destacar el Documento Canadiense de Consenso sobre la fibromialgia (Jain, Carruther, van de Sande y Barron, 2003) y otro relativo a las recomendaciones para el manejo de la misma (Carville y cols., 2008), el primero promovido por el National ME/FIBROMIALGIA Action Network y el segundo por la European League Against Rheumatism (EULAR). En España, el Ministerio de Sanidad y la Sociedad Española de Reumatología (SER) han elaborado también documentos de consenso que ofrecen la mejor evidencia actual sobre los diferentes aspectos de la FM (Ministerio de Sanidad y Consumo, 2003; Ministerio de Sanidad, Política social e Igualdad, 2011; Rivera y cols. 2006). Por último, y de acuerdo con todo lo anterior, se puede concluir que las ambigüedades y aspectos controvertidos aún por descubrir, descifrar o aclarar, en la FM deben de entenderse y aceptarse como un desafío al que vencer y superar por medio de la evidencia científica resultante de la investigación (Fitzcharles, 1999; Nielson y Harth, 2004).




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